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Los cincosaltenses condenados por millonaria estafa a Clínica Pasteur

Es el primer caso donde un estafador de estas características va a cumplir condena de prisión efectiva por una multimillonaria estafa

Los condenados y principales cabecillas
Los condenados y principales cabecillas

28 de Abril de 2024

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La defraudación millonaria a la clínica Pasteur dejó en claro que la política de persecución penal para con los estafadores cambió. Ahora, no solo tendrán que reparar económicamente el daño provocado a sus víctimas, sino que también tendrán una condena.

Además, se suma un antecedente no menor, Abel de la Cruz Retamal, ideólogo y ejecutor de la maniobra, es el primer estafador que recibe una pena de prisión efectiva. 

Retamal, oriundo de Cinco Saltos, fue el cerebro de una maniobra de robo hormiga millonario que se extendió a lo largo de tres años e involucró a 15 personas más entre trabajadores, exempleados, parejas y amigos. 

La historia tiene todos los condimentos propios de una película, donde una traición es el primer giro, pero una empleada leal brindará el giro final a la trama y dejará al desnudo la estafa.

Como en la caída de todo farsante, la ambición y el exceso de confianza termina siendo su talón de Aquiles. 

El acceder a cierto cúmulo de información y de voces, me permitieron reamar esta historia donde su principal protagonista, incluso estando acorralado, no improvisó, siempre tuvo previsto qué hacer ante una eventual caída. Pero en su última actuación ya no fue tan convincente como para zafar de la investigación que destapó la millonaria estafa. 

Abel de la Cruz Retamal, con alrededor de 20 años, salió de Cinco Saltos y desembarcó en Neuquén en busca de una oportunidad laboral. Así fue como llegó a la Clínica Pasteur. 

Era un muchacho correcto con una linda sonrisa y carisma. Los Peláez, dueños del prestigioso centro asistencial, decidieron darle una oportunidad en el área de atención al público. 

Abel se desenvolvía como pez en el agua, propio de los estafadores, sabía que debía ganarse confianzas claves dentro de la clínica y para ello debía destacar, no podía ser uno más, uno de esos que cargar datos detrás del mostrador o asigna turnos. 

Su esmero y buen trato con las personas lo llevaron a que fuera visto con buenos ojos por sus patrones que le ofrecieron pagar una serie de capacitaciones contables. 

Los dueños de la clínica veían en Abel su potencial. En cambio, Abel se centraba en su oportunidad. 

La idea era que, si este joven tan notable andaba bien, sería ascendido a un puesto clave de la empresa donde la confianza y la lealtad pesan y mucho. 

El área en cuestión era “liquidación de sueldos”. Allí se manejan datos claves e información sustancial de las cuentas bancarias de la firma. 

Como era de esperar, Abel aprendió mucho y rápido. Era inteligente y hábil, dos atributos bastante recurrentes en los estafadores. 

Después de un tiempo, sabía bien cómo se administraba esa parte de la contabilidad de la clínica y las autoridades decidieron ponerlo a cargo y con un salario que justificaba su nueva responsabilidad. 

Para él, fue la llave de entrada a un mundillo que logró conocer al detalle. Tablas exactas, números de cuentas, Cuit, Cuil, un par de nombres de usuarios y contraseñas con sus respectivos tokens y la posibilidad de manipular cada centavo. 

Los dueños nunca sospecharon que el ritmo de vida de este joven comenzaba a crecer, porque no se metían en la vida privada de sus 500 empleados. Mientras los pacientes estuvieran conformes y todo marchara sobre ruedas no había porqué inquietarse. 

Ya para enero de 2018, Retamal conocía al detalle el sistema Tango, la planilla que expedía para el pago de haberes, cómo modificar un archivo PDF y obtener la respectiva autorización de Tesorería para ejecutar las liquidaciones. 

Fue en ese preciso mes que Abel se convirtió en Caín y decidió hacer un primer ensayo de desvío de fondos para ver qué ocurría, total si lo descubrían con admitir que había sido un error o una distracción bastaría para zafar. ¿Quién no ha cometido un error involuntario? 

La maniobra le salió bien, transfirió dinero y supo disfrazarlo en el libro de sueldos y pasar sin ser detectado. Ese primer logro, en los estafadores, siempre incluye una sonrisa y un brindis por lo que está por venir. 

Lo interesante de Retamal es que sabía que no podía hacer los desvíos de dinero a cuentas que estuvieran a su nombre, sino que tenía que hacerse de algunas voluntades que aceptaran recibir el dinero y luego, naturalmente, concretar el debido retorno a cambio alguna módica bonificación: “guita de arriba”. 

La propuesta inicial se la hizo a una amiga de Cinco Saltos, Yamila Grisel Pavez, a la que hizo figurar como empleada de la clínica en los papeles, pero en realidad no lo era. 

A ella le hizo desvíos de fondos desde el comienzo de la maniobra hasta que fue descubierto. Fueron alrededor de unos 200 pagos, totalizando un monto, actualizado a abril de 2024, de poco más de 81 millones de pesos. Por lejos su principal aliada. 

Luego, a la maniobra fue sumando amigos de Cinco Salto, parejas y también exempleados, empleados de la clínica sobre los cuales ya ahondaremos. 

Entre los amigos hay que destacar a Leandro Gastón Torres, licenciado en Administración egresado de la UNCo y docente en la actualidad de dicha casa de estudios. ¡Miralo al profe! 

Sin dudas que el licenciado fue un buen socio ya que recibió 24.6 millones de pesos (actualizados). Habrá que ver ahora si la UNCo le inicia algún tipo de sumario interno ya que no creo que esté bueno tener en sus huestes a criminales como referentes. 

Pero sigamos con la historia para tratar de no defraudar a los lectores. 

Retamal supo incluir en su fraude a una novia que conoció por ser empleada de la clínica. Evelin Cofré, trabajó en la Pasteur de junio de 2016 a septiembre de 2018 cuando Retamal ya estaba levantando vuelo con su maniobra de desvío de fondos. 

Cuando advertimos que levantaba vuelo no es solo una expresión, es que Retemal realizó el curso de piloto civil y gracias a los fondos mal habidos también realizó cursos de piloto comercial en Estados Unidos. Todo un emprendedor. 

A su novia, Cofré, también la hizo participe de la maniobra durante un corto tiempo entre 2019 y 2020 y terminó recibiendo 2.2 millones de pesos, pero con una particularidad: “Ella le entregaba todo el dinero, no se quedaba con nada. Tal vez lo quería de verdad", confiaron fuentes a LMNeuquén. 

Lo cierto es que entre Retamal y Cofré hubo algo más que romance y negocios. 

Les dije que entre Retamal y Cofré había algo más fuerte que un simple amor de verano. Ella se fue a vivir a Andorra, actual lugar de residencia, y él renunció a la clínica, según consta en los libros y la sentencia, en enero de 2019 para iniciar una relación de pareja con ella. 

La salida de Retamal obligó a la clínica a buscar un sustituto y fue así como dieron con Juan Ignacio Guzmán que trabajaba liquidando sueldos en el Policlínico ADOS. 

Retamal debía capacitarlo antes de irse, pero no solo lo capacitó, sino que lo cooptó. 

Sin dudas, Abel de la Cruz Retamal es un encantador de serpientes, pero ojo, no se engañe, para convencer como lo hizo tiene que haber predisposición del otro y Guzmán la tuvo. 

Fue así como Retamal le explicó todo a Guzmán y dejó armada una red de contención y financiamiento para su nueva vida en Europa. 

Guzmán entendió todo muy rápido y continuó con los desvíos y hasta que se sumó al listado con algún que otro desembolso adicional. 

Lo cierto es que en agosto de 2019 Retamal regresó al país sin Cofré, pero con un cofre de dinero asegurado porque volvería a ser tomado por sus ex patrones de la Pasteur. 

Juan Ignacio Guzmán supo entender y con el dinero reunido se fue a vivir a la capital de Dinamarca, Copenhague. Ahora, reside en Nueva Zelanda. 

A este muchacho de mundo se lo considera coautor de la millonaria defraudación, pero de la Pasteur solo se alzó con unos 200 mil pesos, según la actualización, por lo que se sospecha que podría haber realizado alguna maniobra en el ADOS, motivo por el cual se notificó a las autoridades de dicho policlínico para que investigaran si sufrieron algún tipo de afectación en sus cuentas. 

Durante todos los meses, Retamal imprimía el archivo con la liquidación, adulteraba el PDF respectivo, Tesorería lo autoriza y arrancaba con el desvío. En paralelo, modificaba los libros contables y manipulaba el alta y/o baja en AFIP. 

La sospecha que queda flotando, es qué rol tuvo el banco donde estaban las cuentas de la clínica porque ellos podrían haber advertido la maniobra. 

El banco le brindó a la fiscalía toda la información requerida, pero nunca se supo si investigó a sus empleados y de hacerlo, seguramente no es un dato que quisieran que trascendiera o se hiciera público.  

Todo era tan de memoria y mecánico para Retamal que solo un error podía hacerlo caer y el error muchas veces suele venir con el embelesamiento que generar un nuevo amor. 

Así empezó a salir con Nadia Abril Pérez, de Cinco Saltos como él. Pero no era la primera vez que se veían, el papá de Nadia, Miguel Ángel Pérez, ya había sido su cómplice entre noviembre de 2018 y enero de 2019, fecha en la que Retamal se va a Andorra. 

Pocos meses después de su regreso, comenzó a salir con Nadia y ahí, el Miguel Ángel de Cinco Saltos volvió a ser parte de la ruta del desvío y luego se sumó su hija. Todo quedó en familia 

Nadia se convirtió en pareja de Retamal y comenzaron a convivir. Pero a Nadia, eso de ser empleada fantasma de una clínica y cobrar un sueldo sin trabajar no le bastaba, ella quería tener una buena prepaga. 

El 27 de octubre de 2021 la joven llamó al área de Recursos Humanos de la clínica Pasteur y solicitó que se hiciera el trámite para el cambio de obra social. 

Si usted ha llegado hasta este punto álgido de la historia, entenderá que hay que tener nervios de acero o un desparpajo total para hacer la llamada que hizo Nadia Pérez. 

Eso demuestra que no solo estaba segura de la maniobra que hacía Abel Retamal, sino que ambicionaba por demás. 

Del otro lado de la línea, una trabajadora de la clínica recibió los datos, pero el nombre de Nadia Pérez no solo no le sonaba, sino que le hacía ruido. Mucho, mucho ruido. 

Vale destacar que, así como en esta historia hay personajes desdeñables, también hay otros comprometidos con su trabajo y que son destacables. 

Digo, cualquier otro empleado podría haber ingresado al sistema, total Retamal ya se había encargado de hacer figurar a su pareja, y realizado el trámite para la derivación de los fondos a la nueva obra social. 

Pero a esta empleada, de una memoria admirable, el nombre de Nadia Pérez le hizo tanto ruido que comenzó a indagar hasta que terminó descubriendo el vínculo con el responsable de liquidaciones. 

Cuando Abel de la Cruz Retamal se supo descubierto desarrolló rápidamente su plan de fuga, siempre hacía adelante. Nunca dudó de lo que debía hacer en esta instancia: reconocer todo, renunciar, pedir disculpas y que por favor no lo denuncien. 

Es clave entender que en la mente de un estafador es muy importante no aparecer en la escena pública con estos hechos porque los deja con poco margen para seguir haciendo de las suyas. 

Es por lo que Retamal se apropió de la frase que se hizo viral a partir del programa “Sin Codificar” donde un hombre, jugado al extremo en un control policial, rogaba: “¡No me quemés!”. 

Lo cierto es que la empleada fiel, avisó a sus patrones y Abel insistió con disculpas para que todo concluyera ahí, con su renuncia y supuesto arrepentimiento. 

Retamal seguía intentado evitar que se hurgara en el pasado porque expondría el robo hormiga y con él todo un derrotero legal. 

Los propietarios de la Pasteur, siempre respetuosos, le permitieron cinco minutos, cara a cara, para que ensayara un pedido de disculpas que luego se repitió en un largo wasap. Cuando salió Retamal del edificio, se ordenó investigar de inmediato. 

El clima dentro de la clínica era tenso. Estaban frente a lo que pensaban, una estafa millonaria, pero había que hilvanar todo. 

Fue así como, con personal de Recursos Humanos, entre ellos la empleada fiel, y Tesorería se inició un minucioso trabajo de revisión que incluyó las altas y bajas de la AFIP, todos los movimientos bancarios de las distintas cuentas y los libros contables. 

La tarea no era sencilla, de hecho, les llevó varios días que fueron traumáticos porque con el hallazgo de cada nuevo dato de la estafa también aparecieron nombres de empleados de muchísima confianza. Todo fue una gran desazón. 

Al momento de descubrir esas traiciones, todo se transformó en una película de espías. La confianza se depositó en unos pocos mientras continuaban hurgando en los registros. 

Fue impactante cuando descubrieron que Retamal también había captado a dos empleadas de años y de extrema confianza: la supervisora del sector administrativo, Susana Palleres, y la supervisora de enfermería, Valeria Lujan Marcello, que hoy trabaja en el Sistema Integrado de Emergencia de Neuquén (SIEN). 

Palleres sumó poco más de 6 millones y Marcello superó los 3 millones de pesos según la actualización de montos. Ambas, afrontaran la audiencia de control de acusación por la cual la causa será elevada a juicio. 

La denuncia penal fue realizada la segunda semana de noviembre de 2021 y de inmediato la fiscalía de Delitos Económicos comenzó a trabajar en el caso. 

El 19 de noviembre se procedió a allanar la clínica y secuestrar toda la documentación y hasta equipos informáticos para que fueran peritados por los expertos forenses en informática y contables. 

La causa arrancó con la sospecha de que había poco más de 10 involucrados, según las primeras declaraciones públicas que se formularon desde la institución médica. En días se escaló a doce y la cuenta terminó en 16 implicados. 

El equipo encabezado por el fiscal de Delitos Económicos Juan Manuel Narváez, junto a las asistentes letradas Agustina Jara y Tanya Cid, trabajaron arduamente y llegaron a formular cargos el 19 de mayo de 2022. 

Un dato particular, el Covid-19 ya había dejado de ser un riesgo, pero varios de los imputados cayeron con barbijo a la audiencia. 

Retamal y Guzmán fueron acusados como coautores de defraudación y al resto se los imputó como participes necesarios. 

La jueza de Garantías Estefanía Sauli, entendiendo muy bien la situación, resolvió que se trataba de una causa compleja y congeló las cuentas de los acusados por un año. 

La investigación avanzó y finalmente el pasado 19 de abril, el fiscal Narváez logró cerrar un acuerdo histórico en el que comulgaron el querellante Juan Coto y los defensores Segovia, Cenci, Caferra, Maitini y García 

La jueza Sauli homologó el acuerdo y en todo momento dejó en claro que los implicados concretaron la maniobra “a sabiendas de la ilicitud del origen de los fondos”. 

Abel de la Cruz Retamal y Juan Ignacio Guzmán se declararon responsables por los delitos de “defraudación especial por administración fraudulenta”, en carácter de coautores. 

Acá hay un detalle interesante. Retamal, cabecilla de la defraudación, accedió a una condena de tres años de prisión efectiva por lo que será el primer estafador en ir tras las rejas.

Además, a modo de reparación, entregó una Jeep Compass Sport, una moto Zanella RZ 300 y un terreno de 1.000 metros en Meliquina. 

Por su parte, a Guzmán se le dio una condena de suspenso y debe cumplir con presentaciones en una unidad policial de Nueva Zelanda. 

Yamila Grisel Pavez, Jorge Ignacio Román y Nadia Abril Pérez fueron condenados en carácter de participes necesarios y les dictaron penas de hasta tres años en suspenso, es decir no tendrán que ir a la cárcel, pero deben cumplir con una serie de pautas. 

En tanto, Diego Fernando Leiva, Fidel Martín Araya, Evelyn Mariel Cofré (la ex de Retamal) y Miguel Ángel Pérez (el suegro de Retamal) accedieron a una probation por el termino de tres años. 

La fiscalía logró que quienes accedieron al acuerdo hicieran una reparación económica según su situación económica actual, analizada caso por caso. 

Obviamente que la cifra ni se asoma a los 228 millones de pesos a los que escaló la estafa a la Pasteur, pero lo interesante es que ninguno se la llevó de arriba.

El resto de los involucrados, optaron por recorrer el camino más sinuoso que lleva a juicio y por el tipo de delito lo más seguro que es puedan zafar de la cárcel, pero no de la condena y la reparación. 

“El que las hace, las paga”, dice el refrán, que algunos políticos utilizan de muletilla actualmente, lo cierto es que la estafa a la Pasteur sentó un antecedente criminal, pero también legal más que interesante porque hay muchos estafadores en el radar.

Retamal, cabecilla de la defraudación, accedió a una condena de tres años de prisión efectiva por lo que será el primer estafador en ir tras las rejas.

Los condenados y principales cabecillas
Fuente: Guillermo Elía - LMNeuquén